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El nacimiento de la armonía musical

Publicado by on 8/04/2017 in Armonía |

Todo el que tiene el más ligero interés en la música está familiarizado con la armonía musical. En este blog hablamos mucho de ella, e incluso he publicado un libro con el que puedes aprender a dominarla.

El hecho de armonizar diferentes sonidos para crear música hermosa nos parece natural, “la forma en la que se hace la música”, pero lo cierto es que solo es una forma. Dominante, sí, pero no es la única.

De hecho, hace un tiempo, no existía. Y cuando nació… no fue del todo bien recibida.

Viajemos un poquito al pasado de la armonía musical.

Empieza la polifonía

La armonía musical (es decir, el sonido agradable de diferentes notas y melodías combinadas) no surgió al principio de los tiempos. Fue un invento medieval, ideado en el corazón de Occidente.

Y es que al principio, en todo el planeta, la música era monofónica. Existía una melodía sin mayores acompañamientos, que se desarrollaba a viva voz, o con los instrumentos primitivos que tuvieran en la época.

Lo más curioso es que esto siguió siendo así en otras partes del mundo. En Oriente, por ejemplo, la música siguió siendo monofónica (el mejor ejemplo es la música clásica india). Sin embargo, en Europa ocurrió algo.

Desde el siglo X ya existen manuscritos medievales en las que algunos monjes intentaron marcar algunas normas que armonizaran diferentes voces y melodías.

Pero sería entre los siglos XI y XII cuando nació en Francia un nuevo estilo bien definido de hacer música: el organum.

El organum consistía en coger una melodía cualquiera, y añadirle una segunda voz, o segunda melodía, exactamente igual, pero una quinta más aguda (o sea, 5 notas por encima). Lo que vendría a ser “cantar a dos voces”. El objetivo, era embellecer el canto litúrgico. Ofrecer a Dios algo aún más hermoso que un canto sencillo.

Armonía Musical

Armonía Musical

La polifonía no es posible sin armonía musical

Si los creadores del organum añadieron la segunda voz exactamente una quinta más aguda, es porque el sonido resultante era realmente agradable. Tenía armonía, sonaba muy bien.

Se basaban en los por entonces todavía muy olvidados manuscritos musicales griegos de la antigüedad, que ya indicaban las 3 consonancias perfectas (cuarta, quinta y octava) y las 2 imperfectas o disonantes (terceras y sextas). Todas estas consonancias armónicas fueron desarrollándose a partir de ese organum primigenio, creándose así la polifonía occidental.

El resultado era una música muy diferente, apenas creíble por su belleza. Acostumbrados a melodías “horizontales”, los oídos medievales se toparon con una música que además tenía altura, melodías “verticales” que te dejaban sin aliento, como una elevación del canto.

Muchos quedaron impactados y enamorados con esta armonía. Otros, dentro de la Iglesia, lo veían en cambio como un gran problema. Un pecado. Decían que algo tan hermoso y florido debía ser obra del Diablo. Las melodías consonantes eran una ostentación intolerable. Y las disonantes, por su sonido tenso, eran como una blasfemia infernal.

A principios del siglo XIV, el papa Juan XXII escribió en contra de toda esa innovación sonora. Poco después, Clemente VI, volvió a consentirla: no podía resistirse a la belleza de esos sonidos. Más adelante en el mismo siglo, con Urbano V, el organum ya era casi cosa del pasado, y empezaron a hacerse los primeros arreglos polifónicos completos en las misas cantadas.

Al mismo tiempo, en las cortes y las tabernas, la música profana recogía el guante e incorporaba la armonía polifónica a su repertorio.

De esta manera, en Europa se desarrolló a partir de entonces una música basada en la armonía entre diferentes melodías y arreglos, que resultó en la música que tenemos hoy.

¿Sorprendido/a? ¿Conocías la historia del nacimiento de la polifonía y de la armonía musical en Occidente?